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Acto multitudinario donde se pone de manifiesto el marco democrático en el que se desenvuelve este colegio.

Durante su transcurso se toman las decisiones que afectan a la vida del populacho. Todo transcurre calmadamente, respetando turnos de palabra y mediante votaciones completamente democráticas y con sentido (no como las de la negropedia).

Pero no todo es perfecto en estas cívicas reuniones, hay un tema que es olvidado y marginado: la fiesta. Siempre hay, como mínimo, dos asambleas al año en las que hay que tratar ese tema. Los colegiales van desganados a las mismas (siendo las de menor asistencia del año) ya que es un tema que no merece ocupar el preciado tiempo de una asamblea cuando hay temás mucho más importantes para la vida de los colegiales, como son los palillos para después de la comida o la proliferación del pájaro Pi.

Especial mención también se merecen aquellos amables colegiales que, asamblea tras asamblea, prestan su apoyo incondicional al consejo en cualquier tema, evitando así discusiones estúpidas y acortando sensiblemente la duración de las mismas.

Definición alternativa Editar

Reunión multitudinaria en la que los colegiales sacan a relucir sus instintos más primarios: gritan, se insultan, saltan, patalean e incluso algunos se golpean el pecho con los puños de forma alternativa.

Al final se impone la ley de la voz más fuerte.

Tipos de AsambleaEditar

A) Asambleas con DirecciónEditar

Pueden ocurrir por dos motivos: porque está empezando el curso o porque la noche anterior alguna masa ingente de colegiales causó destrozos y conflictos diplomáticos con otros colegios mayores (véase la Noche de los Cuchillos Largos). Consisten en escuchar, y escuchar, y escuchar al Director mientras Juanjo, a su lado, juguetea con sus llaves.

B) Asambleas sin direcciónEditar

Cuando eres novato molan porque es como reunirse clandestinamente sin la autoridad de papá y mamá, pero tras algunos años se les teme...

Destaca especialmente entre ellas la:

Asamblea de la fiestaEditar

Dos veces al año los colegiales olvidan temporalmente su gran implicación en las aulas y talleres para hablar sobre la fiesta. Cosas que invariablemente ocurren en estas asambleas son:

  • La vieja polémica de si se puede invitar a tíos (cuando el Negro era masculino): capaz de retener a 50 ó 60 colegiales discutiendo hasta las 2 de la madrugada. Los sectores más discoteque-pachangueros del colegio siempre se inclinaban por invitar sólo a chicas, mientras que los más arquitectoni-gafapasteros se oponían firmemente. Cuando algún iluso consejero proponía zanjar el tema con una votación, siempre había una voz que la impugnaba, dando a entender que ésta debía comprender opciones intermedias, como por ejemplo invitar como máximo a un chico. Finalizada la polémica y habiéndose aceptado la admisión "regulada" de chicos en la fiesta, no faltaban frases dignas para el recuerdo que mostraban su más profunda indignación por este hecho. En la memoria de todos quedará aquella frase de Quintana: "Somos gilipollas, hasta en el Chami sólo dejan entrar a tías. ¿¡Lo próximo qué va a ser, repartir las invitaciones en Chueca!?"
  • Decidir cuánto alcohol hay que comprar: tarea crítica, y relacionada con la anterior, ya que los partidarios de invitar sólo a tías hacían chantaje emocional:
"¿Qué queréis, que vengan aquí los del Ahúja a beberse nuestro alcohol? ¡Vamos a ser los tontos de ciudad universitaria!"
— Un superkite, por ejemplo.
  • El momento en el que alguien interviene diciendo que el nuevo "modelo de fiesta" forma parte de un plan secreto de Góngora para acabar para siempre con ella. Cada pequeña modificación que se haga en su organización siempre será vista bajo esta óptica por al menos alguien, y especialmente por los afectados del...
  • Síndrome del veterano resabiado: exconsejero, o colegial veterano en su defecto, que por la indignación acumulada contra dirección durante años criticaba a los consejeros sin parar llamándolos vendidos, y llamando a la insurrección.
"¡Pues si no nos dejan hacer la fiesta arriba, nos bajamos con los colchones a pecera!"
— ...En las turbias épocas de la reforma.
  • La polémica de si invitar a tíos o no: sí, sabemos que se ha mencionado antes, pero tras un rato volvía a surgir con fuerzas renovadas, por lo que mencionándolo aquí se consigue recrear el hastío y coñazo que eso suponía.
  • Los seguratas: La fiesta del novato de 2004 coincidió con la construcción de la piscina, cuya estructura a medio hacer era un peligro para la gente que predentía colarse, con lo que hubo que buscar alguien que no bebiera (no decían nada de drogas) que vigilase la parte posterior del colegio. Conforme la juventud kinki madrileña no-universitaria empezó amablemente (mira cómo meo en tu puerta) a enviar representantes a las fiestas del Negro, se reorientó la necesidad de poner seguratas. Las voces que se oponían mantenían que el equipo de rugby podía suplir esa función.
  • Los turnos: todo el que puede quiere saltarse sus turnos, por lo que cada año se planteaban mil y una fórmulas de sanción:
-"Bueno este año el que se salte sus turnos no podrá participar en la siguiente fiesta."
-"Sí, hombre, ¿y si estoy borracho en mi habitación medio inconsciente y no puedo bajar?"
-"Bueno, en ese caso, el que no baje a su turno pondremos su nombre en el corcho para vergüenza y escarnio ante toda la comunidad colegial."
-"Claro, ya está, ¿y si estoy haciendo mi turno pero he tenido que ausentarme para subir a por el abrigo de la amiga de mi novia?"
-"Está bien, vale, pues todo el que se ausente de su turno tendrá que venir a hablar muy seriamente con el consejo a la semana siguiente."
-"Bueno mira, que yo creo que no hace falta, si todos vamos a hacer nuestro turno..."
-"Hmm, está bien, pero lo hacemos de verdad, ¿eh? Que este año nadie se escaquee, ¡en serio!"
— Y así un año, y otro...
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