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Ping-mol

Mesa de menor calidad tras el paso de Atila.

Unica inversión rentable de las últimas dos décadas, este mueble semi-indestructible nos acompaña desde hace más de 6 años y ha soportado todo tipo de condiciones climáticas, pese a ser una mesa de interior. Los primeros años se guardaba después de jugar, más tarde, la fiebre del ping-pong y la consiguiente presencia de jugadores las 24 horas del día impedían que estuviera demasiado tiempo a cubierto. Actualmente algo en desuso, todavía se la puede ver aguantando estoicamente chaparrones, viento, cagadas de palomas, ramitas de los árboles y, lo más difícil, ser regada cada día, cual árbol, por nuestro grandioso jardinero, Atila. Me atrevo a insinuar que ésta parece una de las pocas inversiones económicas acertadas del colegio, ya que más rendimiento por tan poco es difícil.

El momento más llamativo fue cuando, tras una nevada, recién salido el sol, algunos colegiales bajaron corriendo a quitar la nieve y ponerse a jugar, aún a riesgo de acabar con los dedos morados. Y la mesa ahí, como si nada.

En los "años de la fiebre amarilla del ping-pong", ésta se convirtió en una de las archienemigas de Góngora, siendo varias las veces que su insomnio le obligó a bajar para exigir que pararan a los colegiales que a altas horas de la madrugada jugaban en ella, con un escueto pero directo: "el sonido de la puta pelota no me deja dormir".

Mesa

Extreme ping-pong.

Es destacable que sobre ella se jugaban partidos de la Liga de El Corte Inglés, con gran asombro por parte de los jugadores de otros colegios al ver una mesa a merced del viento y el clima.

Con la única condición de ser regada diariamente, nuestra querida mesa ha sabido sobreponerse a cualquier contratiempo, incluída la caída espontánea de la red (que reparó habilmente con un par de "palitos" y mucho ingenio).

En estos días se encuentra en un estado de abandono absoluto, pero todavía pueden verse valientes desafiando sus desniveles imposibles.

Pasarán los años, los colegiales o las obras, pero la mesa de ping pong sobrevivirá. Sin embargo queda una pregunta en el aire. ¿¿Será capaz de sobrevivir a la inminente jubilación de Atila??

A pesar de que recientemente el colegio ha adquirido una nueva mesa de ping-pong, la antigua pervive gracias a que sigue siendo regada con regularidad, pudiendo llegar a convertirse en una pieza más del mobiliario de este Nuestro Mayor.

Según la rumorología, la nueva adquisición parece ser de exterior aunque no es un hecho contrastado, ya que de momento la climatología no ha querido ponerla a prueba.

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